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Post de Tessa ¿Crees en las segundas oportunidades? No, no estoy haciendo un test de Buzzfeed (¿os habéis fijado cómo han sustituido a los test de la Cosmo de hace unos años?). Resulta que yo SÍ creo en las segundas oportunidades, pero en este caso estoy hablando de series. A veces, en mi primer contacto con una serie, no surge el amor; sin embargo, más adelante si le doy otra oportunidad es posible que me sorprenda. Así que moraleja: No te rindas, Sigue luchando, No pierdas la esperaza… y cualquier frase motivadora que encaje en este tema. Y tras dar la moraleja de este post al inicio en vez de al final porque así soy yo, os voy a contar una serie de series a las que les di una segunda (o incluso tercera) oportunidad y cómo fue. Porque algunas historias de amor entre yo y la serie de turno tuvieron un final feliz, pero otras no tanto. Así que esto va a ser una mezcla entre post motivador para que déis segundas oportunidades y a la vez un recorrido histórico por parte de mi vida seriéfila. Prison Break, Heart Break Veía capítulos de Prison Break hace ya muchos años cuando se emitía en La Sexta, pero no recordaba mucho de ella así que cuando crecí un poco decidí empezármela. Y tuve un flechazo total, un amor a primera vista (porque fue ya en el Piloto) y acabé locamente enamorada de la serie en esa primera temporada. Y remarquemos el primera temporada ya que con la segunda acabé atascada porque no me gustaba y rompió mi corazón. Pero como creo en las segundas oportunidades, unos años después, con el anuncio de la nueva temporada, decidí darle una de esas. Empecé desde el inicio, para poder disfrutar de nuevo de los grandes momentos que me dio y porque la cultura de la nostalgia ha hecho mella en mí. Luego continué con la 2ª temporada un poco preocupada, pero la cogí con ganas. El experimento falló. Lo intenté de nuevo, esta vez partiendo desde el capítulo donde la había dejado. Volvió a fallar. Ahora, se ha quedado como una serie que me encantaría ver, pero que nunca puedo avanzar de la segunda temporada. Aunque de vez en cuando disfruto de capítulos de la primera en Netflix. Resultado: ❔ Agentes de S.H.I.E.L.D. a punta de pistola Como fan de Marvel cuando anunciaron la serie de SHIELD, la empecé con muchas ganas y ese primer episodio me gustó mucho. ¿Una chica hacker que iba a aprender a patear traseros y sin superpoderes en un mundo de superhéroes? Skye era totalmente mi tipo de protagonista y estaba muy feliz con ella. Pero tristemente, aunque la premisa y personajes me gustaron, eso fue todo y pronto empezó a decaer para mí y no pude ni terminar la temporada. Llegó el verano de 2015 y conocí a las chicas con quien más adelante comenzaría una gran amistad y este blog. Y como trabajaba en el mismo sitio de prácticas de Rose, hablábamos mucho. Resulta que no le pareció nada bien que hubiera abandonado la serie y bajo amenazas de spoilers de otras series acabé dándole otra oportunidad. Tardó un poco, pero la serie terminó cuajando y acabó pasando a ser una de mis series más esperadas de cada años. Incluso escribí un post de razones para verla. Pero cosas de la vida, resulta que nunca he terminado la serie y ahora no encuentro el momento para seguir con ella. Resultado: ✅ The 100: Del odio al amor en un salto espacial A estas alturas no recuerdo que me hizo rechazar la serie. A veces creo que fue el trailer lo que me hizo dejarla de lado ya que me pareció terriblemente malo y el hecho de que empezara la gente a hablar tanto de ella me llevó a cogerle manía. Pero resulta que viajé a Londres (lugar en el que vivo ahora, pero entonces solo iba de visita) y a la vuelta para el avión compré una revista de tv en el aeropuerto. En la revista había un reportaje hablando de la nueva serie adolescente de The CW y no sé que fue lo que vi allí, pero me convencieron las palabras de quien lo escribiera porque aterricé en España con ganas de empezarla. Y entonces implementé mi regla de los 3 episodios. Una regla que mencionamos mucho y algún día explicaré, Rose la usó no hace tanto tiempo para el reboot de Gossip Girl. Tras tres episodios estaba muy enganchada y shippeando Bellarcke como loca. Después de eso The 100 se mantuvo mucho tiempo como una de las series que siempre llevaba al día, que más me emocionaba comentar y crear teorías, como esta sobre qué creía que pasaría en la Temporada 4, o incluso haciendo post absurdos y divertidos como el de la Edición Supervivientes. Y ahora viene mi confesión. No he terminado la serie. Nadie que me ha oído hablar de ella puede entenderlo, pero sí, cuando empecé la última temporada me atasqué. Tras años sufriendo y de repente no podía saber como terminaba, en parte fue que la tmeporada no iba muy interesante y que tenía miedo de que no me gustara el final. Hace poco me spoileé un momento muy importante de ese final y ahora no sé si verlo o no porque ¡¿cómo pudo pasar eso?! Resultado: ✅ Teen Wolf y Pequeñas Mentirosas: Cuando la fórmula perfecta para mí, resulta no ser tan perfecta Estas dos las he agrupado porque su historia ha sido similar conmigo. Ambas tenían unas premisas que prometían mucho para mí ya que son el tipo de historia que me gusta, especialmente Teen Wolf porque ¡HOMBRES LOBO! De verdad que son series que he querido ver mucho, que todos a mi alrededor aman y que adoro oír a los fans de ellas, ver memes y edits. Pero en PLL me quedé en la 2ª Temporada (aunque vi parte de la 3), hay que señalar que tenía un gran spoiler cuando la empecé y no sé si ello me motivaba a verla o me quitaba las ganas. Teen Wolf no he avanzado de la primera temporada, en 2021 le di la tercera oportunidad porque quiero que me guste, pero cada vez que la empiezo de nuevo la abandono incluso antes. Ya no sé que hacer porque ¡HOMBRES LOBO! Debería estar amando esa serie, pero no puedo con ella. Ahora se viene la película así que os dejaré elegir. Podéis comentar aquí o en twitter. ¿Debería darle una 4ª oportunidad? Resultado: ❌❌ Once Upon a Time: Segundas, Terceras, Cuartas en Infinitas Oportunidades Esta serie fue como una broma para mí. La primera temporada y la trama de Peter Pan fueron lo mejor para mí. Y sí, hubo algún que otro capítulo bueno por ahí, pero en general no me gustaba la serie. Así que cada año decidía abandonarla y ya dejarla en la temporada que acababa de terminar, para que cuando llegara la siguiente volviera a darle otra oportunidad y la siguiera. Creo que si se puede decir que he seguido una serie por pura cabezonería fue esta (aunque Gossip Girl y Glee no se quedan lejos, nunca me planteé realmente abandonarlas). La serie tuvo muchas oportunidades y, aunque la terminé (con trampas porque de la última temporada he visto los 4 primeros capítulos y el último), nunca voy a poder recomendarla ya que no creo que me haya gustado. Resultado: ❌ True Blood: De la indiferencia y a la obsesión ¿Recordáis esa revista de la que os hablaba antes? Bueno, resulta que tenía un reportaje también sobre la última temporada de True Blood (Sangre Fresca). En mi fiebre Crepúsculo no solo leí varios libros de vampiros, sino que decidí dar una oportunidad al mismo tiempo a True Blood y Crónicas Vampíricas, la primera no pasó de los 3 episodios, pero la segunda me enganchó de veras. Sin embargo, tras leer el reportaje sobre su temporada final decidí darle otra oportunidad. ¿Por qué estaba leyendo un reportaje de una serie que no veía? Ni idea. Lo que sí sé es que quien sea que escribiera en esa revista, debía ser bueno porque me hicieron dar otra oportunidad a 2 series.
Al final todo resultó en Tessa haciéndose una mega maratón de la serie porque estaba muy enganchada y en llegar al final de la sexta con ansiedad de que saliera ya la última. Sí, el reportaje hablaba de ella, pero era una previa ya que no se había estrenado. Sinceramente, me parecía indignante que se atrevieran a dejarme así esperando cuando yo acababa de verme la serie entera del tirón en unas semanas. Y decidí meterme otra maratón, pero esta vez era de los libros de True Blood (que son 13), esos de los que habló Naia, mientras soportaba la espera de unos pocos meses para el finale de la serie. Resultado: ✅ En conclusión, si aún no creéis en las segundas oportunidades tal vez tengáis que replantearoslo. A veces las cosas no nos sorprenden a la primera, sino a la segunda. O tal vez nuestros gustos cambien con el tiempo. ¿A que serie daríais o habéis dado una segunda oportunidad? Yo creo que mi próxima será Legacies.
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Post de Naiara Salinas (con la colaboración de Zamine Nash) Ya sé lo que estáis pensando: «Pues, Naia, para ser tu favorita de Marvel en 2021 mucho te has hecho de rogar con este artículo». Nininini, las cosas de palacio van despacio y lo bueno siempre se hace esperar. Además, mi compi Rose ya habló de ella en su día. Y, por mi parte, esta serie merecía tanta atención que no en uno, sino en DOS formatos os traigo mi opinión. WandaVision supuso una revolución. Falcon y el Soldado de Invierno, una reflexión. Loki, un bombazo informativo. Es el turno de comentar qué es lo que aporta Ojo de Halcón a este tándem. 1. Oda al personaje más infravalorado de los Vengadores Que exista un musical de los Vengadores sobre la batalla en Nueva York y que el verso de Ojo de Halcón simplemente diga que «es un tío muy majo» en contraste con las súper habilidades de los demás, ya indica de antemano el gran cariño que se le tiene a este arquero. Es más, la primera vez que se anunció esta serie la mayoría se quedó como: «Hum, ¿pero y de este qué van a contar? Qué pereza, solo es guay cuando está con Natasha y ella ha muerto». O peor: «¡Oh! ¡Seguro que introducen a Kate Bishop! Bieeeeen, ¡queremos a Kate!». Yo no menosprecio a Kate y también me hacía ilusión verla, pero si había un personaje que se merecía el foco para variar en toda la saga era Clint Barton, un hombre que no me canso de ensalzar porque que Marvel no haya querido darle atención no significa que no la merezca. Y esta serie se porta estupendamente destacando la gran inspiración que supone a través de los ojos de su más fiel admiradora (aparte de mí): justo Kate, que durante la misma batalla antes mencionada contempla a su ídolo saltar desde una azotea con su arco como si fuera un dios. Y sí, Clint realmente es un «tío muy majo», pero tenemos ocasión de ver en profundidad por qué: aparte de profundizar en su faceta de padre, vemos por primera vez cómo interactúa con la gente como hombre de a pie y como héroe, el respeto que se le tiene, lo bien concienciado que está sobre lo que importa y cómo a menudo se niega a usar el camino fácil y continúa protegiendo a los demás. Sigue jugando su rol clave, pero por una vez se ve obligado a salir de las sombras y dar la cara para hacer frente a su pasado en una aventura muy estrambótica. Hablando de lo cual... 2. El dinamismo de un guion que va sin prisa pero sin pausa La trama de la serie se concentra en unos cinco días aproximadamente. ¡No llega a una semana! Es una trama con mucha acción, misterio, comicidad y momentos muy bien seleccionados de pausa que buscan el desarrollo de los dos protagonistas (porque sí, ya veis que en el cartel no hay un solo héroe, sino dos). Cinco-seis días en seis episodios con un desarrollo muy ligero pero increíblemente equilibrado que ni se vuelve pesado ni pierde el foco. Justo por su duración no se permite hacerlo. La serie toma la filosofía británica y demuestra que a veces menos es más, con una trama muy sólida que se vuelve emocionante en cada capítulo, que pasa en un suspiro y te cuenta muchas cosas. El compendio de emociones en esta serie no tiene parangón y su fluidez a veces te recuerda a la vida misma, solo que con toda la adrenalina del género. Dicho de otra forma, a la historia le sienta bien cada ingrediente que se incluye en ella, desde las referencias a los cómics, pasando por los chistes y situaciones rocambolescas, hasta lo más dramático, que es justo y necesario. 3. Kate Bishop: el orgullo de la casa Hay muchos ingredientes que suponen un soplo de aire fresco, pero el mayor de todos sin duda es Kate (qué, nunca dije que me cayera mal. ¿Acaso no visteis mi top de personajes del año pasado?). La dinámica Kate-el resto del mundo es la razón por la que la ficción nos resulta tan simpática. Es un personaje que congenia con héroes, antihéroes y villanos y nos brinda grandes diálogos y momentos que te tocan la patata y te hacen soltar una carcajada. No tiene ni una sola mala escena con ninguno de ellos. Hailee se come la pantalla y consigue brillar con luz propia, siendo el mejor personaje introducido en una serie de Marvel de lejos. Nadie puede eclipsar su espíritu, ni siquiera su co-protagonista. Ambos forman un tándem bien compenetrado: donde Clint aporta experiencia, Kate es descubrimiento; donde Clint es calculador, Kate es espontánea. Es un joven que fangirlea como una adolescente, protege a su familia como la heroína que quiere ser, aprende e inspira. Además, es la dueña de Pizza Perro. Como para no quererla. 4. La mejor reunión de personajes en mucho tiempo La serie no solo nos introduce nuevos personajes, sino que también recupera a varios antiguos que hacen las delicias al conectar tramas, abriendo unas nuevas y cerrando otras. Es una trama que llegó en buen momento y con la que se homenajea el salto que ha dado el UCM, desde aquellas primeras series hasta las nuevas, sin olvidarnos del cine. Ojo de Halcón se nutre de todas las fuentes y es una delicia ver a personajes nuevos interpretados por grandes actores saltar de las páginas y reencontrarse con otros, porque, aparte, cada uno aporta una capa más al relato; por ejemplo, tenemos a la madre de Kate (con una Vera Farmiga en su línea) como reflejo de la dualidad entre el bien y el mal, a la que se une Maya, ya que ambas son mujeres que luchan por su familia, sin importar la senda a la que eso les lleve. Hablando de Maya, ya que estamos, la serie no solo vale para ceder el testigo a Kate en adelante, sino que es la segunda en preparar el camino para un spin off... en este caso de antiheroína más que de villana, aunque legítimamente era lo segundo: Echo. Un personaje con una historia muy interesante y una dimensión emocional de las que engancha. Gracias a ella también tenemos ocasión de ver una de las partes menos conocidas de Clint, relacionada con su oído. 5. Un contexto muy familiar Al final todos los ingredientes me llevan a esta conclusión. Al contrario que las otras series (sin contar What If), que presentaban ideas y reflexiones más complejas, todo en Ojo de Halcón sigue una estructura y planteamiento muy sencillos y genéricos porque es una serie literalmente para todos los públicos: para los que aman la comedia, los que son más de acción, los de drama, donde hay niños y adultos, padres e hijos, y hasta animales. Tan universal es que hasta su contexto es un eco (*guiño*) de todo ese ambiente hogareño: ¡la Navidad! Por tanto, se convierte en una opción muy buena para cerrar lazos entre pequeños y mayores y pasar un buen rato mientras se viven las mismas situaciones de toda familia (preparar el árbol, vestirse con los jerseys horteras, sufrir el estrés del empleo por querer llegar a tiempo a casa...) y..., bueno, otras no tan típicas. Podría seguir, pero creo que ya es momento de pasar a la parte con spoilers, y os animo a que la veáis si sois espectadores de Ojo de Halcón porque cuento con una invitada muy especial: ¡Zamine Nash, de Tierra Cero! Post de Naiara Salinas ¿Alguna vez has imaginado que tu vida es una película? Mejor aún, si lo fuera, ¿qué género sería? ¿Cómo percibes la realidad? ¿Eres como Lizzie Maguire y crees que tu conciencia es animada? O a lo mejor eres como yo y no paras de relacionar cada acontecimiento con una canción (#LaVidaEsUnMusical). Este viernes 28 se estrena en Apple TV Plus una comedia que da rienda suelta a esta clase de imaginación en un contexto que justo pide objetividad para llegar al quid de la cuestión. Ojito, que lo que se vende con The Afterparty solo es la punta del iceberg. Seguid leyendo para saber más y, tranquis, que tenemos prohibidos los spoilers. El regreso de los buddies de la comedia criminal The Afterparty es una serie que se desarrolla durante una reunión de ex-alumnos en su viejo instituto. Todo marcha como la seda, de forma más o menos «normal» (la normalidad, pronto se ve, está sobrevalorada aquí)..., hasta que, durante la fiesta posterior (claro, de ahí el título, je) el anfitrión aparece muerto, aparentemente asesinado. Ahí es cuando entra en acción la inspectora Danner, que no contenta con intentar resolver el crimen también tendrá que lidiar con la singularidad de esos individuos durante el transcurso de cada entrevista. El responsable es alguien que se ha ganado el amor de los fans sin mucho esfuerzo por sus alocadas e ingeniosas ocurrencias: Christopher Miller, que junto a Phil Lord nos ha dado títulos como Infiltrados en clase, La Lego Película, Spider-Man: un nuevo universo, episodios de Cómo conocí a vuestra madre y Brooklyn Nine-Nine... Lord no dirige junto a su compañero, para variar, pero sí está presente en el equipo de guionistas. No creo que necesiten más presentación y no creo que necesite muchos adjetivos para describir esta serie porque si conocéis estas historias, ese humor que brinda situaciones disparatadas, entonces ya podéis haceros una idea mínima de lo que os vais a encontrar. Aun así, seguid conmigo, porque aún no os he contado lo mejor. Un tributo hilarante a la comedia La ficción se compone de ocho episodios de en torno media hora (salvo el primero) y cada uno de ellos cuenta la historia de un personaje que está siendo interrogado por esa mujer que tan pronto juega al Cluedo como se pone en modo Reina Cotilla, aunque la verdadera magia está en el focalizador, la perspectiva, y es que los personajes están tan, pero tan bien perfilados, que su personalidad llena por entero el guion cuando les corresponde y nos cuelan dentro de su cabeza para vivir la experiencia más cinematográficamente completa, algo que si ves en maratón te genera una sensación parecida a la del personaje de Aaron Paul en el capítulo «Género» de la tercera temporada de Westworld. Y es que decir que The Afterparty es una comedia al final es quedarse muy corto, porque es TODAS las comedias: la romántica, la musical, la gamberra agresiva tipo Deadpool, la animada... Y todo tiene que ver con cómo es cada personaje y cómo observa su alrededor, cómo entiende la vida. The Afterparty se estructura muy eficientemente con los puntos de vista en el centro de todo, por lo que cada episodio se titula como el personaje cuya historia vamos a averiguar (un recurso muy presente en la literatura también). Es tarea de la inspectora (y del espectador) ir atando los cabos, porque a priori todos los entrevistados tienen algún motivo de peso para haber cometido el crimen. Si estáis enganchados a Agatha Christie o habéis visto Puñales por la espalda, la dinámica es exactamente la misma: todos pasan por un momento confesionario, siempre hay alguien que cuenta más, alguien que se resiste, alguien que decide investigar por su cuenta, alguien que pasa tan desapercibido que automáticamente se convierte en el sospechoso número uno para el público... Lo que le da brío y frescura a ese discurrir es la disparidad de situaciones, historias y subgéneros, de forma que es como estar viendo un cortometraje detrás de otro, sin perder nunca el hilo, porque cada parte sirve como pieza clave del puzle, ni la gracia, porque nada como rodearse de maestros de la comedia para una trama así: Dave Franco, Tiffany Haddish, Ben Schwartz, Zoe Chao, Sam Richardson, Jamie Demetriou, Ilana Glazer... Gracias a su trabajo y al de los guionistas tenemos ocasión de conocer muy bien a Aniq, Yasper, Xavier, Brett, Chelsea y Zoey. También es una comedia adolescente o de instituto, en cierta forma. Vamos, si tuviera que resumir la serie con una canción, probablemente escogería «High School Never Ends», de Bowling for Soup: los personajes sufren una regresión a su año escolar y en la mayoría vemos un choque muy interesante entre el pasado y el presente. Vemos cómo ha afectado a sus vidas, quién mejora, quién empeora, quién sigue más o menos igual, qué traumas prevalecen... Eso también le añade el punto morbo a la situación, así como profundidad, y propicia la diversión porque los adultos no es que hayan madurado mucho, tienen un nervio en el cuerpo que no pueden con él y el asesinato los vuelve más histéricos. De la inspectora también se pueden comentar varias cositas: es un personaje que roza la parodia del agente, parece salida más de Loca academia de policía, pero no por ello pierde el toque de seriedad que requiere su trabajo. The Afterparty es una ficción que empieza normalita pero te va ganando a medida que avanza y entras en ese juego narrativo. A mí llegó un punto en que me dejó de importar quién era el culpable (cosa que, por cierto, tengo que esperar a descubrir, porque no me han dejado ver el último episodio, snif, snif). Es decir, prefería mil veces oír la historia de cada personaje para ver en qué película me iba a meter (la de Ben Schwartz es la mejor. Le he cogido mucho cariño a ese actor a raíz de esta serie). Tiene muy buen ritmo, es gracioseta y se puede disfrutar mucho, aunque la mayoría de los gags no resulten originales (vuelvo a lo de antes: es el mismo humor al que nos tiene acostumbrado este equipo. Si te flipa, esta vez no va a ser menos, creo. De todas formas, lo original no está en el contenido, sino en la forma y solo por eso ya merece la pena). Vale como tributo y vale como parodia del género en sí por cómo aborda los clichés. Totalmente recomendable (además, vais a poder catar los tres primeros capítulos del tirón). Es hablar muy pronto porque estamos solo en enero, pero no veo por qué no considerarla para el top de lo mejor del año (por lo menos, como mínimo, en menciones honoríficas se merece estar). Yo le doy entre notable y sobresaliente.
Post de Naiara Salinas Llega el momento más temido del año: ese donde tienes que reunir todo lo que has visto o vivido y realizar un balance, quedarte con lo mejor y reflexionar sobre lo peor. En este blog no solemos enumerar esto último (por lo menos yo y públicamente, quiero decir), no nos gusta condenar aunque haya quien se lo pueda merecer. No obstante, destacar lo mejor tampoco es tarea fácil, sobre todo si nos ponemos un límite, porque sería muy sencillo nombrarlo todo, pero lo mismo la lista acabaría el año que viene (bueno, tampoco falta tanto). Por otra parte, ¿por qué siempre tienen que ser series? ¿Qué ocurre si justo este año he preferido fijarme en otras cosas? ¿Por qué no puedo ordenar las bandas sonoras que más me han molado? Ah, ya, porque sería imposible, las quiero a casi todas por igual. ¿Y qué hay de esos personajes que me han enseñado a ver la vida con otros ojos, que me han tocado la patata y a los que seguiría hasta el fin del mundo porque sin ellos mi 2021 hubiese sido un muermo? Los personajes son los que terminan en mi corazón, mucho más que su serie. Para mí ellos guían las acciones, la trama, son el alma de las historias, porque podemos tener muchas parecidas, pero nunca serán la misma si las protagonizan distintos perfiles que toman distintas decisiones. No os preocupéis, ya tengo mi top de series cerradísimo, pero mi último homenaje del año quiero que sea para sus protagonistas, secundarios, antagonistas, etc. Tengo a diez individuos a los que he admirado de forma especial, pero no son los únicos y aquí quiero veintiún nombres aunque no los desarrolle todos. No voy a distinguir entre series nuevas y veteranas, pero sí lo haré entre personajes, ya que son los nuevos, los que llegan para quedarse y los efímeros, los que marcan el año. Menciones honoríficas Vamos a empezar por el final. Veintiún nombres he dicho, ¿no? Once se han quedado sin hueco en el top porque no me marcaron igual, pero eso no significa que no los admire ni me encante verlos cuando aparecen. Algunos de ellos, de hecho, se han quedado fuera por no repetir serie, pero en realidad están a un nivel parecido que el que sí ha entrado en el top. Ellos son:
Y ahora vamos con ese top 10. 10. Assane Diop (Lupin) Este año he aprendido a admirar mucho a los criminales, en especial a los ingeniosos con motivaciones más profundas que el poseer «cosas caras». El ladrón de guante blanco fan del ladrón caballero es un hombre con una mente tan rápida y tramposa como ética. Padre de familia, amigo... Se mueve por el mundo con plena conciencia y al margen de la mente tan impersonal del típico genio. Es un Sherlock Holmes (o un Moriarty) con mucho carisma y mayor bondad. Sabe lo que importa y lucha por ello pero no se deja consumir del todo por la venganza. Además, tiene un salero... Tal y como lo interpreta Omar Sy es imposible no cogerle aprecio. Un Lupin más brillante y más digno que la versión animada que he visto rulando por ahí. 9. Sylvie (Loki) La variante femenina de Loki es una superviviente un tanto radical que batalla para encontrar su hueco en el mundo y de paso hace replantearse todo el sistema de creencias de la AVT (o TVA si se dice en inglés). Lo que me encantó de ella es que bajo toda esa capa de tía dura se esconde un alma en pena (no que yo la compadezca) harta de vivir con miedo. Por no hablar de las miraditas tan dulces que intercambia con su compañero, ejem... 8. Shade (Stargirl) Bendita segunda temporada por presentarnos a este villano que en realidad termina siendo un antihéroe bastante práctico y refinado (estilaco), con gusto por el drama (gran actor) y un humor muy inglés. Desde el momento en que apareció supe que sería un gran personaje; otro ladrón con su toque caballeresco que se ha robado toda la temporada con su gran carisma y se ha convertido en mi favorito de toda la serie. Como buen controlador de las sombras, es un fantasmón, pero cuando aparece te garantiza una buena conversación y una conclusión muy divertida. Aunque cuando se pone serio... uuuuu, tampoco pierde appeal. Un criminal con principios. No voy a negar que hasta lo veo atractivo físicamente. ¿Será el bastón con forma de pájaro o su acento? Ya veremos... 7. Kang Sae-byeok (El juego del calamar) ¡Más ladrones! Aunque yo siempre tuve fe en ella. Sabía que sería una avispada que llegaría lejos y cambiaría de bando continuamente para sobrevivir, pero la historia que reveló fue todavía más conmovedora. Quizá solo por eso el episodio de la prueba de las canicas es mi favorito (aparte, la actriz lo hace tan bien emocionalmente, pasando de la frialdad al reconocimiento de su humanidad, que no se sale sin admirarla). Yo apostaba seriamente por ella como ganadora (me dio un poco de rabia su final), pero la vida no siempre es justa y este juego mucho menos. PD: Sí, veo que, a juzgar por los nombres y las descripciones que voy dando, tengo una tipología de personaje que me atrae en especial. No me escondo, a mí me encanta pelar cebollas aunque acabe llorando. 6. Moiraine (La rueda del tiempo) No me enamoró a la primera, lo confieso. No me llamó en especial porque la vi muy dentro del arquetipo de maestra, pero conforme avanzaba la temporada terminó siendo mucho más y fue una delicia descubrir a esta mujer de clase alta orgullosa que aprendió a ser humilde y con dos dedos de frente se lanzó a hacer algo para cambiar el curso de la historia. Valiente, maternal, paciente, inteligente... Su empatía con los chicos equilibrada con su practicidad la convierten en la versión mágica y femenina de Obi-Wan Kenobi, con un espíritu algo más rebelde. La razón por la que ha sido ella y no Nynaeve (que también me parece sublime) la que ha acabado en este top es por todo lo que sacrifica por la causa: a su gran amor, su hogar, su vínculo con su guardián y hasta su poder. Por favor, se merece el cielo. Para ella un vídeo entero porque el mundo tiene que conocer su grandeza. 5. Zero (Cortar por la línea de puntos) Este es tan sencillo de explicar que solo necesito una frase (pero usaré más, por supuesto). Zero me representa a mí, te representa a ti, nos representa a todos los millenials y, en unos años, también a las generaciones venideras. Zero es ese golpe de realidad que ocurre en algún punto entre los 30 y los 40 cuando empiezas a atravesar la crisis que supone ser consciente del tiempo y lo poco que se ha invertido en vivir de verdad en lugar de bajo los preceptos de la sociedad. Es un personaje súper auténtico, verosímil y muy bien construido, con unas ocurrencias la mar de chistosas y profundas. El narrador perfecto, un filósofo de la calle. 4. Viktor (Arcane) Lo voy adelantando: voy a ser pesada con Arcane en el futuro y no me arrepiento de nada. Tengo un análisis planeado para él y más, pero supongo que no pasa nada por un pequeño anticipo, porque mucho se puede comentar de este joven científico soñador de la ciudad subterránea que, a pesar de contar con privilegios negados a su gente, continúa sintiéndose inferior y enajenado, queriendo explorar más allá de lo que permite la ciencia normal en busca de una cura para todos los males, algo no solo con lo que dejar huella, sino que ayude a los que peor viven. Más todavía se puede comentar de su relación de compañerismo con Jayce o de cómo en su persecución de esa cura se va acercando a lo monstruoso y se refrena a tiempo. O eso pretende (yo creo que aun así caerá en el lado oscuro de esos Ravenclaws demasiado curiosos que se aventuran por caminos que no pueden controlar aunque insistan en encontrar la forma). Este personaje tiene uno de los mejores desarrollos de toda la serie con un recorrido tan ambiguo como acostumbra el guion pero unas luces en esa mente..., que es muy difícil no acabar dándole la razón. Tanto me fascinó, que acabé destripándome su historia en League of legends porque no aguantaba no saber más, pero eso solo ha provocado más enamoramiento. Deseando seguir esta trama, porque entiendo que no va a ser 100% leal. Los tullidos inteligentes marginados son otra de mis debilidades. Para él otro vídeo: 3. Alex (La asistenta) El 2021 me ha presentado personajes admirables, memorables, pero como modelo de vida tengo en lo alto del podio a esta muchacha a cuya intérprete le auguro buen futuro en los próximos premios si la vida es justa. Alex no solo es una gran madre, sino que es una chica muy valiente, con un sentido de la responsabilidad que ya quisiera yo, una luchadora que puede que no se enfrente a dragones, ni a asesinos, ni a seres oscuros, ni a experimentos locos, pero sí a la vida, en concreto, los obstáculos, que en su caso son mayores que un simple despido o una falta de oportunidades. Alex es un personaje que empieza bien, bien en el fondo, que tiene muchos motivos para enfadarse y gritar al cielo, pero no lo hace, se concentra en luchar por darle luz a su hija, por mantener su vida lo más alejada posible del drama que está viviendo y ha vivido. Solidaria, con un espíritu que llena. Es imperfecta, pero resiste los golpes como nadie. Yo quiero llegar a ese nivel. Entonces, si tanto la admiro..., ¿quiénes se han colado en los dos primeros puestos? Bueno, ya sabéis lo de las malas obsesiones... 2. Kate Bishop (Hawkeye) Si antes decía que Zero me representaba, Kate es mi animal espiritual, no solo por su admiración ciega (y a su vez con su conocimiento de causa) hacia Ojo de Halcón, el mejor Vengador del mundo: su estilo, su gusto por el tiro con arco, su forma de pensar, su gracia, su curiosidad... Es divertida y tiene más nervio del que se le aconsejaría a una superheroína, pero nada que la experiencia y las enseñanzas de un maestro no puedan subsanar. Es torpe y hábil, confiada y segura de sí misma, y sin duda nos ha brindado muchos de los mejores momentos del año. Me postro a sus pies, señorita Bishop. Quiero ser ella en su totalidad, quiero pelear junto a Clint con un arco, quiero vestir ese traje, tener un «pizza perro», tener una guarida, derrotar a un villano como Kingpin... Estoy verde de la envidia. 1. Kaz Brekker (Sombra y hueso) Para qué negarlo: ha sido mi obsesión casi todo el año. Me enamoré de él en los libros y verlo luego en escena fue un sueño, superando las expectativas. No solo le debo al 2021 descubrirme a este maravilloso personaje, sino también a Freddy Carter, del que he estado pendiente desde abril (tampoco había hecho mucho antes, así que naturalmente me lo he visto todo). Hay personajes en esta lista que suponen un reto elevado en interpretación (como Alex), pero lo de Kaz, constructivamente hablando, es otro nivel, porque es más duro tener que reflejar distintos rangos emocionales con poquísima expresión facial, en pequeños gestos, en la mirada. Kaz es la mejor demostración de todo lo que los ojos esconden, esa oscuridad fruto de un sufrimiento que pocos han conocido y del que en la primera temporada apenas tenemos atisbos. Es un personaje muy trágico y al mismo tiempo un cómico, un burlón, un genio adolescente del crimen que no por ir con bastón está indefenso (al revés: ojo con cabrearle que te zurra de lo lindo), que ha visto demasiado y por ello siempre va un paso por delante y no le cuesta improvisar cuando algo se tuerce; la mente estratega con la que quieres contar para cualquier clase de golpe, sea sencillo o complejo. Puede que sea un cascarrabias con una moral muy ambigua, pero es justo, leal y tiene muchas de las mejores frases y razonamientos de la saga y la serie, con grandes momentazos. Como dije en la meme review, es el híbrido entre los mejores criminales de la historia, un Frankenstein que salió muy bien (y eso que todavía ni siquiera hemos visto lo mejor de él en pantalla). ¿No había dicho yo hace nada que los tullidos inteligentes marginados son mi debilidad? Y los ladrones complejos con pasado turbio. Mi nueva aspiración en la vida es crear un personaje tan guay y que me genere tanta obsesión como él, porque os juro que desde que lo conocí no hago más que verlo en todas partes. Cualquier excusa es buena para sacarlo a colación. Post de Naiara Salinas Si os dijera que no estaba esperando a finales de año escribir un post sobre esta serie quizá no me creyeseis y..., sí, os entiendo, porque... ¿cómo no conocerla? ¿Cómo no querer hablar de ella? ¿Cómo no enamorarme, cuando tiene todo lo que me gusta? Mi flechazo llegó muy tardío, pero llegó: de querer desentenderme he pasado a la obsesión absoluta, traducida en revisiones de escenas y hasta capítulos completos, elaboración de análisis propios tras ver unos cuantos muy buenos en YouTube y lectura exhaustiva de fanfics y el lore de la fuente madre: el videojuego League of Legends. Cuando me da, me da muy fuerte. Un universo completo Arcane explora los orígenes del entramado complejo desarrollado por Riot Games desde 2009: un mundo llamado Runaterra que alberga distintas regiones, cada cual con su caracterización particular, donde conviven diferentes razas (humanos, feéricos, autómatas, etc.), magia y ciencia; esto da pie a que cada aventura, dentro del espectro épico fantástico, tenga una tonalidad o pertenezca a un subgénero diferente. Si uno se aventura a la web principal, se dará cuenta de que el material pedía una adaptación desde hacía tiempo: hay mucha, muchísima, información sobre cada región: los campeones del juego que pertenecen a ella, relatos de cada uno, imágenes del diseño... Sin duda uno de los proyectos más ricos y ambiciosos de la compañía, que se ha visto beneficiada del apoyo de Netflix para lograr este salto a nuestros monitores de una forma más profunda y menos interactiva. Y yo agradecida que les estoy, porque lo han hecho tan bien que, sin ser fan del juego, ya estoy muy sumergida en toda su creación. En el caso de la serie, nos movemos en el steampunk (*emoji con corazones en los ojos aquí*), que desarrolla el choque de la ciencia tecnológica con la magia. Tenemos dos ciudades colindantes (una dependiente de la otra), cuya división no la determina solo su ubicación simbólica en el mapa, sino también el claro desequilibrio en cuanto a nivel de vida: por un lado la próspera Piltover (la aventajada situacional, económica, arquitectónica, política y sanitariamente) y, por otro, la decadente Zaun, tierra subterránea de cañerías y toxinas. En la ciudad de la luz, la del aire fresco, la de los grandes edificios de mármol blanco, existe el orden, mientras que en Zaun (hogar de la desesperación, del vicio, el ambiente industrial y los gases contaminadores) reina el caos y los ciudadanos actúan como una manada que se apoya en el alfa más fuerte, aquel capaz de velar por la paz y los intereses de su pueblo. La enemistad entre ambas zonas está presente durante toda la temporada y es el pilar sobre el que se asientan muchos de los conflictos personales, empezando por dos hermanas zaunitas, Vi y Powder, cuyas vidas sufren un revés tras la primera rebelión, que mata a sus padres. Desde ese momento ambas crecen bajo el ala de Vander, líder rebelde de Zaun, odiando todo lo que representa Piltover. La otra dicotomía la pone el saber académico, dado que un piltillo, Jayce, trata de descubrir cómo controlar la magia a través de la ciencia y acaba aliándose con Viktor, un genio zaunita asistente de uno de los miembros del Consejo y fundador de Piltover. Pero lo que para unos jóvenes científicos es una oportunidad de mejorar las cosas, para otros malhechores es un arma más a tener en cuenta si se quiere cambiar la orientación de la balanza... La expansión de todo ese universo, ese lore, no ahoga una narrativa que camina por senderos muy socio-políticos al mismo tiempo que aventureros; de hecho es fantástica porque cada ingrediente suma a esa narración y consigue brindarnos un producto atípico. Todas las historias y los personajes que intervienen denotan un tono muy maduro, entroncando cuestiones serias como los trastornos mentales postraumáticos, el perderse a uno mismo entre la sed de poder y de venganza, la necesidad del academicismo en la política, la hipocresía de la inacción en aras de la paz, el miedo al futuro como obstrucción del progreso, el peligro de los prejuicios que entorpecen la resolución de conflictos, el abuso de autoridad, la xenofobia, el derecho a la autonomía... No es una trama de héroes contra villanos, sino de las que retuercen el bien y el mal para que seas tú quien armes tu juicio de valores. Por ello, el buen planteamiento del world building, la variedad de razas, su belicismo y esa ambientación urbana donde la magia es una leyenda y algo temible cuando se despierta, así como el desarrollo de los protagonistas y el guion, más la cantidad de análisis y comentarios que pululan ya por las redes (fenómeno fan a tope), yo diría que POR FIN podemos hablar de una nueva Juego de Tronos en todo su esplendor (din din din, ¡habemus ganadora! Ha costado dos años, pero la tenemos. Ni The Witcher, ni Sombra y hueso, ni La rueda del tiempo. ESTA es la elegida. Tanto es así, que hasta ha destronado a su predecesora). Y yo que promulgo el amor por las trilogías allá donde hay una saga de más de cinco entregas, acabo encantada cuando ojeo esa estructura dividida en tres actos (tal cual: Acto I, Acto II y Acto III), con tres episodios cada uno, finalizando en cliffhangers brutales a modo de transición que añaden una capa más a cada personaje y a su conflicto. Y estos se podría decir que son el corazón y la mitad del éxito de la serie, no solo por su popularidad entre los jugadores (los cuales lo que más han gozado ha sido la precuela a lo que son en el LOL), sino por lo mimados que han sido, fueran protagonistas o secundarios, con una personalidad muy distinguida, una trama muy interesante y unas voces magistrales (en especial Ella Purnell como Jinx, Hailee Steinfeld como Vi, Harry Lloyd como Viktor —ese, además, con un acento del este muy logrado— y Jason Spisak como Silco) muy hábiles a la hora de arrinconar todos los matices de cada uno: la ira, la esperanza, la inocencia, el desengaño, el dolor, la locura, la simpatía y el humor. En el caso de España, los jugadores tienen su fan service con el regreso de los dobladores del videojuego. El mejor diseño de producción y editing del año Trasladar una animación de videojuego a una de plataforma no parece una tarea que en principio requiera mucho esfuerzo, o eso diría una mente ignorante como la mía. Pero tal y como se ha hecho en Arcane me figuro que habrá llevado más de unos meses, porque no se trata solo de lo precioso y calcado que es el dibujo (con un toque híbrido muy similar a lo que se vio en Spiderman: un nuevo universo), sino también del cuidado del montaje, de la inserción de cada elemento, detalles como el aspecto de los personajes para reflejar su crecimiento; sus expresiones faciales; su vestuario; la mugre; las heridas; la iluminación... La estética es cojonuda. Cada plano está tan cuidado que da igual cuando le des al stop, que te saldrá un wallpaper precioso. Ese producto atípico que comentaba arriba no se consigue solo por el mundo introducido y su forma de abordar los temas, sino por cómo emplea la escenografía para aportar y crear símbolos, unas veces más sutilmente que otras. Pocas decisiones de diseño son al azar en una serie plagada de metáforas visuales, como las presentes en la mejor escena (no es solo que lo diga Jordi, sino que yo también lo pienso). Y ni qué decir de la banda sonora original, empezando por una intro muy molona a cargo de Imagine Dragons que habla de la enemistad, de los puñales por la espalda que muchos personajes se clavan entre sí, y siguiendo con una mezcla de temas cañeros para la acción y otros más sentimentales a lo largo de los episodios (incluso eso tiene sentido cuando te das cuenta de que la mayoría de las canciones rockeras suenan en las secuencias de Zaun, mientras que en Piltover predomina la música instrumental. Hasta ese punto se cuida el detalle). Sabes que los compositores, los editores (quien sea) han acertado... cuando la primera canción de la serie suplica por la paz casi con timidez y, en cambio, la última está llena de resentimiento. Conclusión
Que Arcane se ha convertido en la mejor adaptación de un videojuego de la historia creo que es algo en lo que podemos coincidir jugadores y novatos. Se puede acusar su poca valentía al elegir el formato animado antes que el de acción real (siempre me quedaré con la duda de si hubiera sido tan, tan guay, aunque lo dudo), pero en lo demás ha arriesgado bastante ofreciendo algo que, a pesar de seguir siendo muy comercial, contiene mucha personalidad y mucho arte, un orgullo para los profesionales del sector. Arcane no solo es bonita: tiene un buen fondo y una buena escritura; garantiza una experiencia alucinante. Los Annie Awards tienen toda la razón del mundo. Digna del top de lo mejor del año. Post de Naiara Salinas De la creadora de la desastrosa saga Las series son para el verano, llega la secuela todavía más desastrosa... Cuando el mundo te ha arrebatado todo lo que amas (el tiempo). Cuando un enemigo acecha en la oscuridad (el tiempo). Cuando te faltan las armas necesarias para hacerle frente (tiempo). Tan solo podrás recurrir a un último recurso: el tiempo. Siete días a comienzos de mes para cruzar un portal y emprender un viaje dramático lleno de romance, de comedia, de aventuras y de sexo. ¿Conseguirá el Tiempo salirse con la suya? Maid (La asistenta) Empezamos con un plato muy fuerte, por duro. Maid llegó a Netflix en octubre y se convirtió en otro exitazo inesperado, aunque después de verla, confirmo que todo aplauso es merecido, sobre todo a nivel de interpretación. Esta miniserie de diez episodios de casi una hora recoge las vivencias reales de la escritora Stephanie Land, metamorfoseada en Alex, una joven madre soltera víctima de abuso por parte de su ex que trata de asentarse en un hogar con un oficio mal remunerado de asistenta para darle a su hija Maddy la vida que se merece. Una Cenicienta de verdad, sin príncipe encantador (pero tal vez sí un hada madrina). No es una serie que genere especial adicción (por tanto, nada recomendable para un maratón), pero sí cuenta con una historia de la que deseas saber el final, porque al principio da la impresión de moverse en un círculo vicioso que tiene tan atrapada a la protagonista que la fuga es inviable. Como la vida misma, el viaje de Alex está repleto de avances y retrocesos, un conjunto de sucesos desencadenados tanto por malas decisiones como por mala suerte que en ocasiones arrastran no solo a la joven y a su hija a un presente tan dudoso como el futuro, sino también a sus amigos más cercanos y familiares. Es una historia muy familiar que busca transmitir las consecuencias de una desestructuración sin justificar los vaivenes que atraviesan los personajes más viciosos pero sí empatizando con todos a través del ojo de una protagonista que es un trozo de pan, una madre coraje que intenta escapar del desorden impuesto por esa vida y ser lo que siempre ha querido ser. El guion putea mucho a Alex y es desesperante ver cómo por cada paso adelante da dos atrás, pero el desenlace merece la pena porque no está exento de justicia y, sin que resulte muy Disney, te deja aliviado/a/e. Es una alegría que Kate Winslet ya obtuviera el Emmy por Mare of Easttown porque el 2022 le pertenece a Margaret Qually por el mejor papel de toda su carrera hasta ahora (un gran salto desde que la vi en la fatídica adaptación de Death Note por primera vez): valiente, enérgica, sufridora, optimista, altruista, madura. Su madre (tanto en la realidad como en la ficción) no se queda atrás, es el segundo personaje más interesante. Maid es un gran ejemplo de por qué vivir el presente es esencial, demostrando los claroscuros por los que se rige el mundo, donde la última palabra la tienen la esperanza y la fuerza de voluntad. De lo mejorcito de este 2021. El tiempo que te doy Para empezar, el tiempo que yo le he dado a esta serie no ha sido muy largo (badum tss): una de las más cortitas del año, bendita sea, cuya peculiaridad son los títulos de sus episodios, que te describen en formato temporal lo que se ve (9 minutos de presente, 5 de recuerdo, por ejemplo). Nos cuenta una historia de amor y de desamor, entre Lina y Nico. En concreto, todo lo que le lleva a ella superar la ruptura, marcada por la cantidad de momentos buenos hasta la irrupción del malo, desde el cual no hay vuelta atrás, aunque mentalmente sí. El guion nos describe con un toque muy realista todo lo que implica entregarse a una relación, que siendo tan duradera marca y llega a definir muchos aspectos de nuestro día a día. Lanza la reflexión de hasta qué punto es posible el borrón y cuenta nueva cuando, además de pasión y cariño, ha habido compañerismo y descubrimiento. ¿Por qué por algo malo habría de eliminarse todo lo bueno también? ¿No forma parte del desarrollo? Lina se enfrenta a esta tesitura en diez capítulos, dentro de los cuales la mitad están marcados por la relevancia del pasado frente al presente. Cuanto más avanza la trama, más se encuentra Lina en vías de tener que volver a agarrar las riendas de su vida y seguir adelante, incluyendo menos minutos de recuerdo. Un ritmo y una estructura muy acertados con dos actores que se ponen muy tiernos por momentos. Y, dado que no he visto muchas producciones españolas este año, le guardo un hueco en el corazoncito. Ojito, que se sufre un poco. La vida sexual de las universitarias Serie que empecé porque salía la hermana desconocida de Timothée Chalamet y serie en la que me quedé porque era genial. Genial y breve (no es que este sea un requisito imprescindible para ver una serie en mi caso, pero sí que ayuda a vendérmela), con sus 20 minutitos propios de sitcom, pero sin toda esa parafernalia del público en directo. Su título no da lugar a dudas en lo que al argumento se refiere, que nos presenta a cuatro chicas de distinto origen (Kimberly, Bela, Leighton y Whitney) en su primer año de carrera. La vida las junta en el mismo dormitorio de la residencia y se acaban convirtiendo en amigas mientras cada una vive su drama personal (y no solo relacionado con el amor y/o el sexo, ojo), aunque en lo general la serie de drama poco tiene. Esta comedia se prepara con ingredientes clave para su disfrute instantáneo: cogiendo la esencia de Sex Education (tanto la parte sexual —el gran atractivo, el punto «original»— como los valores que defiende y algunos enredos), con una pizca del humor que encandiló a la generación de Chicas malas y añadiendo el toque mágico de HBO (Max) que logra que todo su catálogo triunfe aunque no sea novedoso. No se puede decir, por ende, que algunas de las tramas de aquí no las hayamos visto antes, pero sí que cada una brilla con luz propia gracias al carisma de sus protagonistas: la tímida, inocente y torpe Kimberly aprendiendo a desmelenarse, a liberar sus impulsos; la orgullosa Leighton aprendiendo a sentir y empatizar; la alocada Bela aprendiendo que en la lucha por su sueño no vale todo y la luchadora Whitney aprendiendo a independizarse y forjarse una identidad al margen de su madre política. Aparte, se nos presenta la diferencia entre lo pudiente y lo humilde, que se igualan en el terreno amoroso. En La vida sexual de las universitarias tenéis diez episodios chispeantes súper ligeros y adictivos de enredos e ideas muy ingeniosas, frescas y divertidas en torno al sexo, las tendencias juveniles y la vida misma, sin restar importancia a lo que es serio. De este trío es la única que he seguido semanalmente desde el finde de su estreno. Grandes diálogos (dicen que la guionista ha sido fichada de The Office, así que no me extraña). BONUS
The Witcher Un breve comentario sobre esta segunda temporada, que mejora en cuestiones de estructura narrativa (adiós a la confusión de líneas temporales) y elementos técnicos, pero pierde parte del encanto de su predecesora, mucho más luminosa, original y versátil. En lo demás crece de forma muy notable: es un gusto ver la dinámica entre Geralt y Ciri, aunque Yennefer sigue robándome el corazón y es un placer verla en acción con Jaskier. La trama de los elfos no ha estado mal y augura cosas interesantes, aunque nada como conocer el lugar «donde se fabrican brujeros». Ya sabéis: si hay que ser brujero, enviar el monstruo al infierno... (esto se lee cantando). El cambio de compositor también le ha sentado muy bien: de alguna forma, las notas de Joseph Trapanese (que en primavera nos deleitaba con Sombra y hueso) se asientan mejor sobre el montaje, siempre conservando la esencia de lo que hizo Sonya Belousova en su día. He echado en falta un poco más de firmeza al principio (y eso que el relato de Nivellen es muy chulo; una pena que no se desarrollase); su ritmo fluctúa más que en la primera temporada. Nada que comentar sobre los cambios con respecto a ese libro que sigo sin leer (y ahora miedo me da). Post de Naiara Salinas Con el año frenético que llevo voy dejando más cosas pendientes que nunca y muchas de ellas se me olvidan a la par que ignoro esos tesoros que normalmente descubriría sin problema. Suerte que todavía hay compañeros majos que se encargan de sacarlos a la luz, sobre todo en este caso. La realidad del millenial desencantado con tono desenfadado Cortar por la línea de puntos ha llegado en el momento más idóneo: un momento donde el consumismo y la propaganda a bombardeo apenas nos deja tiempo para respirar, no digamos ya meditar, y muchas veces conviene hacerlo o nos volvemos locos. Eso es algo que esta serie recrea bastante realísticamente. Su desarrollador, el italiano Zerocalcare (que además es autor y dibujante del cómic del que parte), nos refleja con un humor sarcástico, gamberro y en ocasiones apático, parte de su vida y su visión de un mundo que avanza muy deprisa, donde cada individuo humano pelea por encontrar su hueco y, si no lo logra, lo afronta con desgana. Cuando la vi no sabía que estaba basada en un cómic, pero sí reconocí ese toque autobiográfico, principalmente por todos los temas que trata y que convierten estos seis episodios de veinte minutitos (una fantasía cuando estás cargadísima de tarea) en un retrato cultural muy completo de esta década bajo el ojo adulto que expresa abiertamente su nostalgia, su desagrado, su sorpresa y su confusión por el cambio tan radical y el funcionamiento de la sociedad que deja muy desamparado a quien no sigue las reglas de un juego cada vez más competitivo. Su tono crítico pero a la vez hilarante hizo que acabara pensando mucho en Persépolis (y eso que este es mucho más dramático) y en Mafalda. Tengo la teoría de que los mejores cómics y las mejores novelas gráficas son los que contienen el toque (auto)biográfico, o al menos siempre acaban siendo mis favoritos; son obras donde la voz del autor está súper presente y te ayuda a conectar con su cerebro de forma más directa aunque narre en tercera persona (pero casi nunca lo hacen porque son conscientes de que esas viñetas nacen de su ansia por expresar y no quieren ocultarse tras otra voz). En este caso esa voz es la de Zero, un dibujante de cómic en sus treinta y muchos o cuarenta y pocos, cuya conciencia tiene la forma de un armadillo y con la que discute a menudo sobre lo que le ocurre a él o a sus amigos Secco, Sarah y Alice. Esa es la trama, no hay un objetivo concreto, una misión más allá de vivir la vida, a veces sufriéndola, a veces redescubriéndola. Zerocalcare nos permite ver su mundo interior de una forma muy animada (valga el chiste) y nos planta varios zascas y hechos con los que es imposible no identificarse. No se trata de referencias al uso, no son los easter-eggs lo que importa (aunque haberlos haylos), sino las ideas, pensamientos manifestados en diálogos (ya sean imaginarios o reales) que casi seguro que todos hemos tenido alguna vez con nuestro entorno. Esa es una de las cosas que para mí hacen tan especial esta joya: que es muy auténtica y, sin dejar de ser personal, se extrapola a toda una generación como si describiera la condición humana misma. Por ejemplo, y esto puede ser tanto un mini spoiler como una breve cata del tono y el humor que se pueden disfrutar, el momento donde critica el catálogo de Netflix es demasiado brillante, es como si me hubiera leído la mente, como si Zero fuera mi animal espiritual en todo: en su opinión, su arrebato emocional... Por supuesto que las personas no hablamos así todo el tiempo, pero (como defendía Nicolas Cage en La búsqueda) estoy segurísima de que sí que pensamos con esa fuerza. Aparte, me encanta esa autocrítica por parte de Netflix, la plataforma productora de esta ficción (es como: «Me tiro flores y también mierda porque puedo. ¿Veis como molo? Os entiendo más de lo que pensáis»). Esta forma de pensar, no obstante, tiene una consecuencia y es que acaba resultando un humor muy adulto a pesar del aire fresco que difícilmente las jóvenes generaciones podrán comprender o apreciar (al menos, hasta que pasen unos añitos y lleguen a esa edad). De la viñeta a la pantalla Ver Cortar por la línea de puntos se convierte en una experiencia muy amena y divertida gracias no solo a que la duración es perfecta y los gags muy ocurrentes, sino también a que el diseño es una pasada, adaptando los dibujos del cómic a una animación clásica, muy de los 90-principios de los 2000, lo cual acentúa la morriña porque te hace pensar en las series animadas de tu infancia, otra razón por la que considerar el público tan específico al que apela (se me viene a la cabeza, por ejemplo, Pepper Ann, ¿os acordáis?). Aunque la producción sea italiana, su planteamiento es tan universal que hasta emplea canciones en otros idiomas, como el francés (y menudo descubrimiento son estos temas. Posiblemente en la selección musical se encuentre su lado más indie). Aparte, por todo eso que comentaba arriba de la voz, la labor de doblaje se convierte en súper importante, y en el caso de España hay que felicitar al bueno de Eduardo Bosch (voz habitual de Kit Harington y Jason Segel, por ejemplo) por su entrega a la hora de atrapar todos los timbres que emplea Zero, quien a menudo es la única voz que oímos y que, como buen narrador, imita a las de sus compañeros con la misma naturalidad con la que lo haríamos nosotros cuando estamos relatando alguna vivencia (espero sinceramente que el hombre tuviera una botella de un litro de agua con él en el atril, porque Zero es súper enérgico algunas veces y casi nunca se calla). Por tanto, para ir rematando, Cortar por la línea de puntos es alegría simpática, es crítica y es hasta emotiva (cuando menos te lo esperas la cosa adquiere cierta seriedad y profundidad). Pero ante todo es meditación por y para gente que se hace mayor y ve la vida pasar intentando seguir la línea de puntos, hasta que sale del desengaño y descubre que esa no es la garantía del éxito. ¿O quizá es que en el fondo hemos cortado mal y acabado rasgando el papel?
Se sale de aquí, irónicamente, haciendo psicoterapia en vez de «ver solo una serie», jeje. Además, tanto si renueva como si no, te vale, porque cada episodio es autoconclusivo. Dentro de unos añitos esto se volverá de culto, hacedme caso. ¡Hola, allscreeners! Como ya muchos sabéis, nuestra compañera Rose estuvo trabajando en 2021-2022 en la radio COPE. Eso explicaba que últimamente no se prodigase mucho por aquí, pero sigue estando presente y está intentando ayudar en lo que puede. Por eso estamos aquí. Porque han surgido algunas oportunidades que os queremos contar. Y es que, nunca pensamos que, de una conversación espontánea con alguno de sus jefes, nos surgieran a nosotras como blog la oportunidad de ampliarnos. Esta vez en la radio.
Nuestra Rose es la embajadora allí y ha conseguido hacer algunos espacios de series, su gran afición. En La Noche de COPE los jueves está la sección “Noches de series” y en Herrera en COPE también ha hecho algún cameo. Es un proyecto nuevo, una forma de ampliarnos y seguir compartiendo nuestras aficiones. Pero no queremos desaprovechar la oportunidad de dejar los enlaces aquí también para que podáis escucharla, dejarnos recomendaciones sobre las próximas series que os gustaría que comentase y contarnos qué os parece. Aquí los tenéis.
Post de Naiara Salinas Como esta sección (de momento no oficial) empezó en julio pero hablar de verano en octubre duele y carcome... le he modificado el título un poquiño (por cierto, se basa en el de la novela de Fernando Fernán Gómez, Las bicicletas son para el verano. Para que conste en acta). Una vez más las series bombardean mi humilde existencia y, una vez más, me siento arrollada por la cantidad de estrenos que apenas he podido sentarme a degustar entre vacaciones (de las que sirven para, literalmente, desconectar) y deberes laborales. Pero heme aquí de todos modos, presta a contaros qué he descubierto en los dos últimos meses, aparte de que los musicales sarcásticos continúan molando, Brasil se ha abierto un huequito en Netflix, los dioses asgardianos siguen metiéndose en jaleos que nadie más entiende... o que a veces puede, y solo puede, que no sea tan buena idea realizar un reboot de un producto muy querido (bueno, eso último solo lo ha descubierto Rose, yo aún no me he iniciado). Pero, Naia, ¿ya te ha dado tiempo a respirar? Es una pena que no veáis el casco especial de Darth Vader que me he tenido que fabricar para hacerlo. Menos mal que una de las series que voy a meter aquí de colofón me ha valido como terapia. La colina de Watership La primera invitada no pertenece a este año, es una viejita de mi lista de pendientes que por fin pude tachar. Le debo el conocerla al videoclip que me encontré un día en YouTube con un tema demasiado precioso y legendario de Sam Smith que sí, es original para esta miniserie británica de animación digital de 2018, producida por la BBC y distribuida internacionalmente por la todopoderosa Netflix. Se basa en el clásico homónimo de Richard Adams y a su vez es un remake de una película del 78 y una serie animada de 1999. Todo un clásico que nos cuenta la historia de un grupo de conejos («conejera» sería el nombre colectivo oficial) que, siguiendo las visiones de uno, emprenden un viaje plagado de peligros en busca de una tierra mejor al sur de Inglaterra para construir su madriguera y empezar de cero, lejos de las manos humanas. Es una miniserie muy, muy cortita, como buena producción británica: solo cuatro episodios que siguen, por lo que he podido averiguar, la estructura novelística dividida en las mismas partes y, también como buena brit, reúne a lo mejorcito en cuanto a actores locales: James McAvoy (pone voz al conejo líder, Avellano), Nicholas Hoult, John Boyega, Ben Kingsley, Gemma Arterton, Olivia Colman, Peter Capaldi, Taron Egerton, Daniel Kaluuya, Gemma Chan, Rosamund Pike, Rory Kinnear, Anne-Marie Duff, Freddie Fox... El IMDB es un regalo a la vista, ya os digo. No es la primera vez que Reino Unido nos vende una historia protagonizada por conejos: en el cine tenemos Peter Rabbit. Pero una y otra son dos polos opuestos, nada que ver. De hecho, es un error considerar La colina de Watership como un relato infantil, aunque de la impresión de haber sido suavizada para aglomerar a ese público, sino que más bien se acerca a Rebelión en la granja, de George Orwell. Se perfila toda una cultura única en torno a estos animales, con su propia lengua y su propia mitología, incluyendo leyendas y nombres que podrían provenir de un reino mágico y construyen un universo muy rico y complejo para expresar o manifestar ideas sobre la forma correcta de liderar, la democracia contra la tiranía, la razón contra la emoción ciega, la libertad contra la esclavitud, etc. Posee un estilo con mucho contraste, planos espectaculares y muy artísticos, imágenes oscuras para una narración que presagia lo peor pero también muy coloridas para momentos livianos. Contiene elementos que la vuelven un tanto cruda, pero no deja de ser una epopeya con personajes muy dispares que deciden actuar como una piña para sobrevivir, lo mismo que sucede en La Odisea. Yo, que he criado a conejos, me lo pasé pipa viéndola con uno de ellos. Me sorprendió gratamente por su increíble madurez y naturalidad al tratar los temas mencionados. Al final es un cuento muy hermoso y profundo sobre la lucha encarnizada por el bien común, con su dosis de fantasía, y por eso se lleva una notaza por mi parte (además, quien no haya tenido el gusto de conocer el talento oculto de McAvoy para el doblaje en el audiolibro de The Sandman puede hacerlo aquí). La recomiendo con creces. Mare of Easttown No es ninguna sorpresa a estas alturas que esta otra miniserie (se está discutiendo una segunda temporada pero en principio vamos a considerarla miniserie) se ha convertido en uno de los éxitos del año. Este thriller policíaco de HBO nos traslada al pueblo de Easttown, uno de esos lugares donde toda la población parece que actúa como una unidad pero practica el ostracismo con aquello que se salta las reglas. Mare (Kate Winslet) es detective y debe investigar un asesinato repentino a una adolescente madre primeriza que previamente sufría de ese ostracismo. Para ayudarla llega un detective del condado llamado Colin Zabel (Evan Peters). Yo llegué a ella a través de las incontables buenas críticas y, si bien acabó convirtiéndome en una fan más, tampoco me sacudió el corazoncito como pensé que lo haría, ya que es una trama con muchos altibajos. De hecho, no me quedé tanto por la sinopsis (siempre interesa conocer al culpable, no obstante), sino por los personajes. Mare Of Easttown es una historia colectiva de fondo, que, aunque se centra en un personaje, nos consigue dar un atisbo de todos en siete capítulos, lo que nos ayuda a empatizar con ellos (con algunos más que otros). De manera que no solo obtenemos pleno conocimiento de la protagonista, sino una visión panorámica de todo un pueblo que nunca va a ser sencillo por mucho que lo aparente, y lo que acontece les acaba afectando directa o indirectamente. Pronto nos damos cuenta como espectadores de que Easttown no es un lugar abierto, sino hermético y cualquier persona puede ocultar algo. También puede sentirse pequeña o abandonada y ese es el halo que rodea a Mare, un personaje que, a pesar de una fortaleza muy grande, en ocasiones se ve superada por la situación que atraviesa la familia, cuando no ella misma, incapaz de mantener una relación estable. Kate Winslet está impresionante en un papel que navega continuamente en una dualidad, en una batalla consigo misma, sus demonios y el pueblo, un papel muy bravo que tan pronto lidera los hechos objetivos y controlables como es sometido por las emociones. En general es muy destacable (de nuevo) la madurez del elenco en general, incluidos los críos. Evan Peters también merece un aplauso. Midnight Mass Vamos con el regreso de Mike Flanagan, maestro del terror audiovisual miniseriéfilo. Esta miniserie (disponible en Netflix otra vez) se convierte en una exposición continua de ideales que, para comprender por qué le motivan al showrunner, quizá habría que repasar lo que nos contó con Hill House y Bly Manor. Midnight Mass no funciona exactamente igual y nos conduce a un terreno nuevo, más religioso y alejado de lo sobrenatural pero no por ello exento de fantasía. Y, sin embargo, Flanagan lleva a un nuevo nivel su profundidad narrativa en torno a las motivaciones humanas. El secreto quizá sea que, además, nos encontramos ante la primera miniserie que no es una adaptación de un clásico literario, sino que surge directamente de la mente del nacido en Salem (por si no lo sabíais. A mí es un detalle que me encanta). De hecho, esa nacionalidad puede llevarnos a comprender mejor el argumento, el cual nos presenta una isla aislada cuyos lugareños están moralmente destrozados hasta la llegada del nuevo cura, un hombre que cambiará sus vidas cuando inicie una cadena de milagros un tanto mesiánicos. De manera similar a Mare of Easttown, la focalización agarra la noción de pueblo que tenemos todos, aunque su coralidad es mucho más evidente, ya que desarrolla varias tramas protagonizadas por distintas personas en ejes más distinguidos que se van entrecruzando. En su conjunto, el guion se convierte en una parábola donde, más que el terror, importa lo que simboliza, y por eso no hay un antagonista claro, ya que este termina siendo un concepto abstracto. Igual que hizo con sus fantasmas, Flanagan vuelve a torcer el género para bucear en su causa y nos expone el interior de los protagonistas de una forma más explícita y abierta que en sus trabajos anteriores, a través de monólogos dignos de analizarse en clase de Filosofía que generan un ritmo muy pausado. Es una serie que se cuece a fuego medio --unos tres primeros episodios intrigantes con un ritmo equilibrado, dos más densos y dos súper explosivos-- pero nos brinda una totalidad de cada individuo única, de forma que para cuando llega el final arrasador sufres de la tensión que causa la incertidumbre de quién se va a salvar y quién no. Por tanto, los personajes continúan siendo el gran fuerte de este hombre que se aventura a un viaje donde está cuestionándose continuamente el sino de las cosas. Ello vuelve Midnight Mass en su creación más trascendente y reflexiva (y en la menos terrorífica a pesar de que hay un par de jump scares y buenos cliffhangers), es decir, conjuga el contenido con la forma, y su final invita a meditar sobre todos los mensajes ocultos (ejemplo: el fanatismo contra la fe, la destrucción que hereda la juventud, el respeto al politeísmo, el ateísmo, etc.). Son conflictos que poco se tratan y que a este contexto le vienen como anillo al dedo. Como punto en contra es que tanto tiempo para esos monólogos ahoga la narrativa en la contemplación y no se permite aprovechar los puntos de giro en un momento en que el espectador suplica que se aprovechen porque nos acercamos al desenlace. Esa pausa en medio resulta tan necesaria como un estorbo. Si solo hubiera sido tan ambiciosa a nivel de dirección como las dos anteriores se llevaría mejor nota (de momento la dejo en notable bajo), pero no me ha encandilado igual a pesar de que me ha tocado la patata (lo siento, las comparaciones ya sabéis que son odiosas). Aun así, bravo. Otra cosita: el compromiso de Flanagan con sus actores es más que notorio y me encanta que renueve y mantenga caras por igual. Lo único que le voy a pedir es que Kate Siegel siga en todas sus producciones, please. Nine Perfect Strangers ¡Mi serie terapéutica! Y como veis, mantengo más o menos un equilibrio de plataformas. Del segundo viaje a Netflix me traslado hasta Amazon Prime Video para un retiro espiritual de la mano de Nicole Kidman. Como reza el título, la serie (¿o miniserie? Aquí no lo tengo claro) reúne a nueve extraños con problemas de varios tipos, dañados por dentro, en un retiro a Tranquillum, un pequeño paraíso donde a lo largo de varios días realizarán actividades que les enriquezcan el alma y, en principio, les sanen. Sin embargo, los métodos poco ortodoxos de la directora del centro, Masha, irán alimentando dudas en el grupo. Se trata de una adaptación de la novela homónima de Liane Moriarty, la misma autora de Big Little Lies, y también se cocina para llevarnos por senderos meditabundos a los que llega un poco infringiendo la norma convencional. La temporada se compone de ocho episodios que indagan en las historias personales de los pacientes, pero con una clara distinción de los más importantes (los interpretados por las grandes estrellas, por supuesto. ¿A nadie más le picó un poquito que justo la pareja joven desconocida fuera la menos explorada?). Incluso tenemos la ocasión de ver la interacción entre los trabajadores. Cada episodio va añadiendo misterio en torno a los personajes mediante giros dramáticos o cliffhangers que los orientan hacia su pasado oscuro, puesto que todos han llegado allí para enfrentarse con sus demonios y, por mucha paz idílica que venda el folletito, al final reina la incomodidad, la sospecha y el recelo, por lo que no se puede evitar que salten chispas entre los miembros más conflictivos del grupo, dado que se juega con sus emociones continuamente (no con el espectador, ojo). En cabeza se encuentra Kidman, introducida como una advenediza casi santa dispuesta a obrar un milagro, pero como esta serie se va por senderos más realistas que Midnight Mass tendemos a sospechar que se trata de un timo con consecuencias fatales (eso no significa que con la de Flanagan no sospechemos tampoco, eh), aunque el guion te hace dudar según qué momentos (es decir, ¿y si la mujer de hecho es una santa? ¿O qué milagro ha vivido ella?). Lo que no es un timo es la atracción magnética que ejerce sobre todos, quienes ponen su vida en sus manos como si fuera una secta (rasgo que más comparte con Midnight Mass). Cada personaje muestra una faceta de paciente en tratamiento psicológico: tenemos al negacionista, al escéptico, a los más abiertos, la temerosa, los relajados... En general son muy pocos los que se fían y la presentación no es la más idónea para conseguir el vínculo que busca Masha, aunque es inevitable que tanto roce derive en cariño. Al final, la serie muestra una convivencia muy natural (figurada y literalmente) y es imposible no acabar conectando con los protagonistas, pues todos tienen algo que contar y superar. Es una serie que se resuelve de modo más sencillo del esperado pero que deja su huella poniendo en jaque el sistema terapéutico actual, el uso de drogas, la dependencia de las redes sociales, la necesidad de afecto y la imposición de fidelidad, etc. Da la apariencia de ser pacífica, pero cada episodio se va cargando de tensión por momentos y casi siempre culmina en un bombazo que te anima a ver el siguiente, hasta llegar al quid de la cuestión, que es Masha. Entre el reparto encontramos sorpresas, como Michael Shannon. Bobby Cannavale y Melissa McCarthy ya son piña tras tres producciones juntos (las otras son Superintelligence y Patrulla Trueno) y conforman el dúo más bonito. Y ha sido un placer volver a ver a Grace Van Patten todavía más adulta tras su debut en Tramps. Altamente recomendable. BONUS
Sex education Ya sabéis que no soy muy de reseñar a partir de la segunda temporada a menos que se trate de un caso especial y, en este, simplemente quiero aplaudir la evolución de la serie, que este año nos ha ofrecido su temporada más rica a través de los nuevos conflictos y el crecimiento del elenco. El desarrollo de los personajes por fin los está encauzando a la meta que opino que buscaban los guionistas y que en la temporada pasada no fue tan evidente. Adam ha sido el mejor esta vez en ese aspecto. Por el contrario, Eric el peor. Muchas ganas de ver qué depara la recta final del curso para estos adolescentes. El final definitivo se acerca y empiezan a ser conscientes. La telenovela: la cruz de un subgénero melodramático destinado a provocar tanto risa como trauma9/16/2021 Post de Naiara Salinas Hoy, 16 de septiembre, me visto con poncho y sombrero de paja para celebrar el Día de la Independencia de México (bueno, vale, puede que me haya colado con el vestuario). Y, además, es mi cumpleaños. ¿Casualidad? I DON'T THINK SO. Porque el melodrama se me da genial, de maravilla, de Oscar. Llevo rodeada de él toda mi vida (¿veis? Esa frase ya es demasiado melodramática para tomársela en serio). Justo el género del que vengo a hablar muy de carrerilla sufre de este percance: ¿qué problema hay con tomarse las cosas tan en serio? O, más bien, ¿tan intensamente? Como si la vida fuera una llama que lo consumiese todo y no existiera el término medio: o a lo grande o nada. Siempre que se piensa en la televisión de México (o en la cultura mexicana general como representante de Latinoamérica, visión que por cierto me parece excesivamente generalizada) nos viene a la cabeza inevitablemente este (sub)género televisivo y, como consecuencia, no podemos sino hacernos una idea muy paródica del asunto. Ya sabéis, como cuando algo es tan vehemente que te provoca la risa aunque no quieras (el cerebro humano es un mundo). De hecho, es lo típico cuando se quiere exagerar los rasgos de este país y sus vecinos: recurrir a ese melodrama que inspira los plot twist más descabellados hasta el punto de que cuando los vemos en otras producciones (*cof*, Juego de tronos, *cof*) los describimos como muy «telenovelescos». Véase la siguiente escena de Modern Family que lo ejemplifica a la perfección: La Wikipedia define la telenovela como «género televisivo, producido originalmente en varios países de América Latina; que cuenta una historia no necesariamente realista y generalmente de argumento melodramático a lo largo de varios capítulos, y que normalmente tiene un final feliz para los protagonistas», para a continuación añadir: «Las telenovelas poseen esencialmente un carácter sentimental, lleno de intrigas, engaños y confusiones; pero con los años han ganado más acción y han incorporado elementos de otros géneros (como el policíaco, la comedia, el suspenso e incluso la ciencia ficción)». La RAE es mucho más escueta y le quita el gancho: «Novela filmada y grabada para ser emitida por capítulos por la televisión». La primera definición es mucho más completa y más acorde con lo que ven nuestros ojos; la segunda, no obstante, es más respetuosa por cuanto que solo la tiene en cuenta como formato y no siente la necesidad de especificar el país de origen. Lo que no se puede negar es que despierta sentimientos encontrados en todos los espectadores, y es curioso porque cuando yo era pequeña veía con mi madre un montón de telenovelas y las recordaba súper largas y serias (hasta lloré con alguna). No había ningún momento cringe para mí a esas edades. La cosa es que conforme he ido creciendo me he encontrado auténticos despropósitos (por no decir obscenidades) que, de tan intragables, acabaron convirtiéndose en fuente de burla y chiste primero y de culto después, de tal manera que es como contemplar una película de serie B donde lo más ridículo que se te ocurre que puede ocurrir sucede... y te hace estallar en carcajadas y pasar un buen rato al final con tus colegas (porque las telenovelas, a poder ser, hay que verlas en compañía SIEMPRE. Las disfrutas el doble). Entre los ingredientes para cocinar una buena telenovela se encuentran:
Ningún ingrediente que no hayamos visto en otras series y películas, lo dicho; lo que pasa es que aquí están a otro nivel y mucho más concentrados. No obstante, mi intención hoy no es reírme de ello, sino reivindicar este tesoro incomprendido del que poco hablamos (de hecho en este blog es la primera vez). Como en todas partes, te encuentras de todo, desde obras maestras hasta Sharknados latinos. Veamos algunos ejemplos memorables. 1. Yo soy Betty la fea (1999-2001) La primera telenovela es el gran clásico que conoce y alaba todo el mundo..., aparte de una intrusa en esta lista, porque no es mexicana, sino colombiana (che, yo no dije que fuera a hablar de México, solo que me había inspirado el tema). Producida por RCN Televisión y escrita por Fernando Gaitán, nos cuenta la historia de Beatriz Aurora Pinzón Solano, una mujer economista poco atractiva pero con muchas luces que consigue un trabajo de secretaria en una compañía de moda, Ecomoda, dirigida por el recién ascendido Armando Mendoza. A pesar de su buena fe e inteligencia, Betty tiene que soportar constantemente el mobbing (bullying laboral) de sus compañeros, especialmente de la secretaria Patricia Fernández, el diseñador Hugo Lombardi y la accionista de la empresa, Marcela Valencia. El giro dramático se produce cuando Betty comienza a enamorarse de Armando y este, poco a poco, va descubriendo a la chica con dos dedos de frente que trabaja para él y que promete más de lo que su aspecto ofrece. La trama pretende ser una Bella y Bestia a la inversa donde, a su lado, todas las putadas que sufre Anne Hathaway en El diablo viste de Prada se quedan en ñoñerías, porque la chica por lo menos es mona y solo la maltrata su jefa. ¿Es superficial? Sí. Pero vaya si ha dejado legado: 13 premios TvyNovelas (tres en México y el resto en Colombia); 4 premios India Catalina, un TV Golden Adicto y un 2 de Oro; un Guinness Record a la telenovela más famosa; la emisión en 180 países, con doblaje a 25 idiomas y unas 28 adaptaciones posteriores... Gloriosa. 2. Agujetas de color de rosa (1994-1995) Telenovela de corte más juvenil, porque hay que pensar en todas las edades. Se supone que llegó a España porque yo aún conservo el CD que compró mi madre. La telenovela no llegué a verla, pero cómo me fascinaba su tema principal, lo cantaba y bailaba a todas horas. Ahora bien, la relación entre la letra de la canción y la trama a día de hoy continúo sin comprenderla, pero al menos suena bonito y con ritmo. ¿Va de baile? ¡Pues no! ¡De patinaje sobre hielo! Esto cuenta la sinopsis oficial: «Una hermosa y apacible pista de hielo se convierte en el escenario de una complicada historia de amor y suspenso». Qué, suena bien, ¿eh? Fue producida por Televisa, la madre, la reina, la diosa del 95% de las producciones mexicanas que nos llegaron aquella década. Aunque por las fechas puede dar la impresión de que duró un telediario, en realidad recibió buena acogida y sacó dos CDs musicales. 3. María la del barrio (1980-1996) Una de las más longevas, CLASICAZO donde los haya. Por si os cuesta identificarla: ¡es la serie de la maldita lisiada, la fuck*** lisiada! Podría acabar el post aquí y ya habría cumplido con mi deber, porque al menos la mitad de los rasgos que he comentado arriba se manifiestan en esta obra esperpéntica donde el caos es la primera y la última palabra de cada guion. Aquí los creadores tiraron la casa por la ventana en lo que a exageración se refiere. ¿Sabéis cuando se cuenta que algo es tan malo que es genial? Todo, absolutamente todo, se viene arriba para bien y para mal en una trama donde los celos, la ira y la sed de venganza comandan los afluentes de un río que surca como los rápidos de la jungla más salvaje. Si Betty la fea era La bella y la bestia, esta es un poco mezcla de varios cuentos. La sinopsis, en rasgos muy breves, cuenta la historia de María Hernández, una zagala humilde que vive en un barrio muy marginal y trabaja como basurera mientras se traga las babas por un hombre que frecuenta su iglesia. Cuando cumple 15 años su madrina muere y en su lecho de muerte esta le pide al cura de la parroquia que le encuentre un nuevo hogar a su ahijada. Así es como María acaba en casa del empresario Fernando de la Vega, que desde el principio la acoge como una más, mientras que su esposa y la criada la menosprecian. Y, aquí, ojo al dato, se viene el primer plot twist, porque resulta que el chico que iba a la misma iglesia que María es Luis Fernando, el hijo mayor de Fernando. Ambos jóvenes empiezan a enamorarse, pero hay alguien más que va tras el muchacho: Soraya Montenegro, la villana más fiera que ha dado la televisión mexicana. Es la sobrina de Victoria, la madre de Luis, así que sí, básicamente está loquita por su primo. Os invito a leer la sinopsis completa en la Wikipedia porque es una joya y un exponente magnífico del concepto generalizado de la telenovela. Lo tiene TODO. TO-DO. Hasta brujería. Es más, ya desde la intro, tenemos la causa de su fama expuesta con pelos y señales: Exacto, esta obra es la que ha inspirado la idea entera de este post. No recuerdo cómo llegué a esa escena que señala el pantallazo, si me la recomendó alguien o fue cosa del algoritmo. Lo que sí sé es que a ese ente le voy a estar eternamente agradecida, porque es una fuente increíble de risoterapia que, como comentan algunos usuarios, no necesita ni parodia. Desde los diálogos, pasando por el empleo abundante de zooms, planos detalle y primeros primerísimos planos, la música (que habéis oído en algunos de mis vídeos con memes) más la falsedad de las actuaciones... ORO. Puro oro. A partir del minuto 1:55 empieza lo bueno. 4. El manantial (2001-2002) Otra criatura de Televisa que recuerdo seguir con devoción, hasta el punto de que cuando llegaba del colegio y la estaban emitiendo le pedía a mi madre que me contara con pelos y señales lo que me había perdido. Hubo algunas partes que se me antojaron duras y no soporté ver, como cierta muerte de un personaje importante y querido. La trama que se vende es un clásico de dos familias enfrentadas (esto me suena) por dos motivos: una posee el Manantial, una poderosa fuente de agua (esto también me suena), y la otra quiere arrebatárselo; la segunda razón es que un hombre y una mujer de ambas familias fueron amantes, y eso el patriarca afectado jamás lo ha podido perdonar. ¡Ay, joder! Si ya decía yo que había leído algo muy parecido. Mañana en el cine viendo Dune os vais a acordar de esto. El agua y la tierra creando enemigos desde tiempos inmemorables. 5. Mi gorda bella (2002-2003) Esta recuerdo que la vi en Antena 3 y me caló desde el principio. Nos trasladamos de México a Venezuela para conocer a Valentina Villanueva, una rica heredera con problemas de sobrepeso cuyo padre muere en un trágico accidente mientras ella está en el cole, pero en lugar de heredar la fortuna su tía Olimpia trapichea el papeleo para que todo pase a ella y sus hijos. Así es, es Cenicienta. Se vendió mucho como una nueva Betty la fea, pero nada que ver, es mucho más oscura. Mi memoria dice que el misterio de la trama no tenía parangón y, aunque llegó a ser rebuscado, mantenía en vilo porque pronto se descubría que Olimpia era incluso peor de lo que aparentaba. También estaba la subtrama del Lirio de Plata, una joya de gran importancia en la familia, sobre todo para Valentina, y que acabó inspirando la identidad de un justiciero. Pero a mí lo que sin duda me fascinaba eran los nombres de la familia. ¡Porque todos eran griegos! Teníamos a Orestes, quien se acababa convirtiendo en el interés amoroso de Valentina. Su hermana Pandora, mi favorita. Y luego Aquiles y Ariadna. Mi madre creo que ya me dio por perdida cuando me vio hablando de mitos por una telenovela. Hacedme caso: mañana cuando estéis viendo Dune también os vais a acordar de esto. Es la estructura melodramática que más hemos visto en ficción. 6. La rosa de Guadalupe (2008- actualidad) Otro bombazo controvertido, pero destinado a jóvenes. En este cóctel se nos juntan los niñatos malcriados de Élite y Gossip Girl con la rimbombancia de Riverdale y los milagros divinos de... no sé, de ninguna, esto es nuevo. Y es que los episodios se estructuran como conflictos que afectan a uno o varios personaje y se resuelven con el deus ex machina más literal que se haya visto jamás en la tele, porque es la Virgen de Guadalupe la que inspira a la gente a seguir un camino mejor. Se supone que es educativa, pero la audiencia lo suele flipar bastante, porque ni en Física o química se llegó a los extremos que se presentan aquí (o sí. No lo sé, no he visto esta telenovela, la verdad). Hasta aquí el repaso telenovelesco. ¿Qué os ha parecido? ¿Qué otros ejemplos se os ocurren?
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